DEPORTES
Será el nadador más rico del mundo
Beijing 2008 ya tiene a su figura central: Michael Phelps, en el "Cubo de Agua", no sólo se transformó en el más grande nadador de la historia sino que además sacó chapa para ser considerado uno de los más grandes deportistas de todos los tiempos.

Sus ocho medallas de oro en los 200 metros libre, 100 y 200 mariposa y 200 y 400 medley y en las postas 4x100 y 4x200 libre y 4x100 medley no sólo lo catapultaron como el máximo ganador de oros en los Juegos Olímpicos (14) y el hombre que más podios alcanzó en el historial (16), sino que además le permitió demostrar que en la natación todavía había elementos nuevos por descubrir. Lo dice Osvaldo Arsenio, director nacional de la Secretaría de Deporte y miembro técnico de la Federación Internacional de Natacón (FINA): "Su gran secreto es que en ningún momento deja de avanzar. La mayoría de los nadadores hacen movimientos rectos con los que avanzan pero, imperceptiblemente, también se frenan. Y en la natación, el mejor es el que hace un movimiento elípitico continuado para avanzar. El es como una oruga: siempre está generando un movimiento positivo en el agua".
Phelps mostró en Beijing que fisológicamente es extraordinario pero también demostró una brutal capacidad para manejar mentalmente sus carreras. El sabe siempre lo que esá haciendo. El mejor ejemplo lo dio en los 400 metros medley cuando pudo haber bajado los cuatro minutos, pero prefirió guardar energías para lo que vendría. Y en el más alto nivel, se sabe, es muy difícil regular una competencia. Otro ejemplo de su poder: alguna vez su técnico de toda la vida, Bob Bowman, contó que en un entrenamiento puede predecir sus marcas de los 100 metros mariposa con errores de una o dos centésimas por tener internalizado el esfuerzo. Todo esto es propio de un auténtico genio.
¿Se lo puede comparar con Mark Spitz? De ninguna manera porque más allá de las medallas y de los récords, el también estadounidense tenía apenas un puñado de adversarios serios: un par de compatriotas, algún soviético y un canadiense; y además, en aquellos fines de los 60 y principios de los 70, apenas cinco países se disputaban los podios mundiales y olímpicos: Estados Unidos, Unión Soviética, Australia, Canadá y Alemania Oriental (sólo en mujeres). Mientras, Phelps es contemporáneo de por lo menos 50 nadadores de primer nivel y en el medallero olímpico de Beijing aparecieron 21 países.
Salvo en los 100 y 200 metros pecho, un estilo que requiere de un entrenamiento mucho más específico, hoy Phelps, de proponérselo, está en condiciones de ser top 10 en los rankings de libre, mariposa y espalda.
Ahora bien, una pregunta que sobrevoló en estos días por el cielo de Beijing: ¿hay sospechas de dóping alrededor de este hombre que acaba de bajar récords y obtener títulos con una facilidad descomunal? Siempre hay rumores ante la aparición de este tipo de fenómenos en el mundo del deporte, pero en el último año y medio la FINA gastó 1 millón de dólares en controles sorpresivos y Phelps está absolutamente limpio. Entonces, ¿por qué no creer que el talento y el corazón de un nadador, junto al aporte de una ciencia como la biomecánica aplicada e individualizada pudieron hacer un campeón?
Phelps no nació con una estrella. Al contrario: tuvo una infancia difícil y sus maestros alguna vez lo definieron como "hiperactivo y destinado al fracaso". "Su hijo nunca llegará a concentrarse en algo", le dijo una de esas maestras a Deborah, su madre, quien ayer no podía parar de llorar en el "Cubo de Agua" junto a las dos hermanas del campeón. "Yo le contesté que quizá se aburría en la escuela", recordó ella en una reciente entrevista publicada en el diario The New York Times. "No, el problema es que no es muy dotado", insistió la docente.
El tiempo pasó y aquel chico que amaba correr y saltar y no podía leer más de dos párrafos seguidos, pasó a ser un adolescente de orejas enormes y brazos desproporcionados que le llegaban más abajo de sus rodillas y que se convirtió en un blanco perfecto de las bromas de sus compañeros de colegio. Hoy, aquel Phelps es éste Phelps: un joven con el mundo a sus pies. En todo sentido.
Es que el estadounidense también se convertirá en el nadador más rico del mundo después de su suceso chino. Según un reporte de la agencia Octagon que maneja los intereses comerciales y financieros de su carrera, Phelps ganará hasta este año unos 5 millones de dólares por temporada, pero Eli Portnoy, de Portnoy Group, una consultora estadounidense especialista en marcas deportivas, señaló que en poco tiempo podrá embolsar hasta 30 millones anuales.
Phelps pasó por los Juegos Olímpicos y dejó su marca. En la tierra de Beijing, pero también en el agua, donde manda como nadie había mandado hasta este verano chino.
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